Política

La convergencia entre dos fuegos

Para todos es evidente que hoy en el Ejecutivo sobreviven los mismos sectores, los mismos asesores, y también los mismos ministros que llegaron a aconsejar a Fernando Zavala que presente la cuestión de confianza, que desencadenó un choque de poderes que nadie hubiese imaginado. Especialmente luego de que dos fuerzas procapitalistas —una proempresarial y otra emergente y populista— disputaran la pasada segunda vuelta electoral. Es la única manera de entender la respuesta del presidente Kuczynski a la comisión Lava Jato del Ejecutivo y el duro calificativo de “circo”.
Con una sola entrevista, PPK puso en riesgo los encomiables esfuerzos de la nueva presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Aráoz, quien se reunió con todas las fuerzas políticas para conseguir el voto de confianza del Legislativo. Sin embargo en el fujimorismo también surgió una actitud reactiva que, incluso, llegó a deslizar la idea de que el voto de confianza del Gabinete Aráoz podía estar en peligro. ¿Qué pueden significar tales reacciones? Que los extremos a ambos lados de la mesa podrían terminar bloqueando las posibilidades de gobernabilidad, de entendimientos, entre el Ejecutivo y el Legislativo, para tragedia del Perú.
Si bien es cierto que la conducta de un sector de fiscales ha terminado judicializando la política en el Perú —como en los mejores tiempos del nadinismo— es incuestionable que Fuerza Popular tiene una enorme responsabilidad en organizar una salida viable. Finalmente, PPK es un tecnócrata que se desvinculará de la política el 2021; y la mayoría de ministros del actual Gabinete, ya sean tecnócratas o políticos de izquierda, retornara a sus actividades en el sector privado o en sus respectivas ONG. El fujimorismo, por el contrario, busca permanecer en política y ganar elecciones.
De allí la necesidad de entender que los consejeros que sugirieron a PPK clavar lanzas contra una comisión legislativa definiéndola como “un circo” son los mismos que convencieron a Zavala de la cuestión de confianza. Los señalados sectores lanzan la provocación para desatar las reacciones destempladas del radicalismo fujimorista y bloquear la gobernabilidad y los entendimientos. El ala provocadora del Ejecutivo actúa de esa manera por una sola razón: ha perdido una cuota de poder inimaginable con los cambios en Educación, Salud y Justicia.
Cuando hablamos del sector provocador en el Ejecutivo nos referimos a la llamada izquierda caviar que, luego de muchos años —exceptuando la última administración aprista— percibe que ha sido arrinconada en el Estado. Particularmente en el sector Educación, al que había convertido en el laboratorio de sus propuestas estatistas y la mayor fuente de todas sus consultorías y estrategias de financiamiento.
Si el fujimorismo responde reactivamente a la estrategia provocadora de la izquierda de caviar, entonces, estará pisando el palito y demostrando que no obstante los aprendizajes le falta kilometraje en la industria política de los partidos organizados. En este momento la llamada izquierda caviar pretende debilitar al Gabinete Aráoz porque, luego de haberse convertido en un verdadero establishment en los últimos quince años, no puede aceptar los retrocesos en los tres ministerios mencionados.
Y para ser exactos, la izquierda caviar está en una ofensiva general luego del relevo del Gabinete Zavala. Antes del error del jefe de Estado que comentamos, ya había planteando una guerrita que lanzó densas humaredas: la batalla con la Iglesia por definir el lugar de la misa con el Papa. Una guerrita que, por ejemplo, posibilita cubrir con humo el increíble abandono de la policía de casi todas las minas del sur del Perú, ante la arremetida de los sectores antimineros.

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